miércoles, 26 de septiembre de 2012



     Mi velero                                              


Rompe en el cielo  la proa
sin vientos de luces verdes
ríendose  está los amores
que sueñan sobre laureles.

Navega con toda tela
marcando horas de vuelo
en bastas y oscuras mantas
de  estrellas y de luceros.

Ranuras son las berlingas
de esfinges y de centauros
con mesana y con trinquete
los mares danzan de santos.

Rompen  en popa las aves
 careles de cedro blanco
y no dejan que se morseen
de colores en todo un  año

De babor o del costado
las  olas riñen de noche
cual senda de niebla a tope
oscurece del palo, un bote.


jueves, 6 de octubre de 2011

POESIA DE COMBARRO

Hórreo de constrans en la calle del mar


HÓRREO VIEJO:


Sentado en el olvido del tiempo
decoras las mareas del día,
abrumadas sombras de la tarde
que alimentas pasiones.

Brindas sueños perdidos,
resecados por el viento de otoño,
renaces en las tinieblas demar
cuando acaricias las aguas.

Bordé raices que decoran tus pies,
con alargadas uñas de hierro,
orgulloso desafias el sol de agosto,
con tu piel gris y tu manto rosa.

Finges no mirar las luces ocultas,
desafías los pensamientos más bellos,
escondes la verdad en tu pecho,
y rindes pasión al viento silencioso.

Hórreo de constrans de madera de olvido,
cuéntame tus cuentos de tus noches tristes,
alivia mis dudas hacia ti en tu llanto,
dime que estás vivo en la sombra del mar,
ámame con los recuerdos de tus días perdidos.

----------------

Juan Rodiño: D.L: PO-342-2010(Libros de Combarro)

martes, 4 de octubre de 2011



Costumbres antiguas de Combarro

Combarro no solo era un pueblo marinero, si no, también un pueblo creyente, donde la creencia religiosa estaba por encima de toda duda. Era consiente de los malos recuerdos en tiempos pasados, donde las enfermedades de la peste y viruela hicieran estragos entre sus moradores.
En 1636, llegaría un día de desgracias, pues ocurrió que, varios hombres del pueblo estando embarcados en buques portugueses llegaron al pueblo trayendo con ellos la peste, dicho desenlace contaminó a mucha gente, lo cual, terminó contagiando a toda la región. También en esa ocasión regresaran algunos hombres de el Grove y entre ellos ocurriera lo mismo.
Se dice que en esa ocasión diezmó al pueblo de Combarro de tal manera que, los hombres de mar, sintiéndose tan desdichados propusieron que los lunes no se saliera a pescar sin antes no oír misa. Entonces en la isla de Tambo que tenían una ermita, salían en sus barcos para rezar. También en el propio pueblo, donde hoy está la iglesia de san Roque, estaba un oratorio dedicado a San Sebastian protector de la peste que le rezaban constantemente para que les liberara de sus desgracias. Dichas nostalgias llegarían a nuestra época, donde hasta los años de 1960, cuando se moría un vecino, al paso de su féretro por la calle de la Rúa, iba una mujer encargada de llevar en la cabeza un banco de madera para posar el féretro ante la puerta del vecino que deseaba pagar una extremaunción al párroco, pidiendo responsos por el alma de los difuntos de la casa.
Esto se hacía al llevar el muerto a la iglesia o al regreso, camino del cementerio.

domingo, 16 de enero de 2011

LOS HÓRREOS.

Combarro tierra de hórreos.
Como podemos definir aquello que nos gusta o nos ilusiona tanto.
Combarro pueblo de hórreos: eso ya lo sabemos, pero lo que no sabemos es ¿cuantos tiene el pueblo? Para ello aquí estoy yo. El historiador.
Combarro en su manzana alberga 88 hórreos, de los cuales se clasifican en varios modelos; siendo los de piedra los más destacados dentro de la armonía visual.

Sus construcciones por modelo son: De madera y piedra 34
De madera 16
Todo piedra 13
De ladrillo 18
Piedra y ladrillo 7

Total 88

Hórreos de combarro.

martes, 3 de noviembre de 2009

Los Berberechos



Combarro: Pueblo de marineros y de marisco.

Las playas de Combarro siempre fueron muy buenas para criar marisco. Berberecho, navaja y almeja. (Fina y babosa)
De Combarro hasta la costa de Campelo, la playa es baja y llana. Muy especial para el berberecho. Al bajar la marea queda en seco un espacio enorme, desde la propia costa. Pues dicho espacio de playa, era antaño recubierta por berberecho. Éste solía ser tan abundante que en ocasiones era molesto caminar descalzo. Cosa que, por otro lado; los jóvenes lo hacíamos a diario.
En la década de los años sesenta, recuerdo que fueron años de gran riqueza de berberecho en toda la playa.
Las gentes esperaban que llegase el día primero de octubre para que dejasen recoger dicho bivalvo.
Todas las familias del pueblo se preparan con rastros, rastrillos y chalanas (barcas de eslora inferior a cinco metros) para dedicarse al marisco durante el tiempo que duraba la abundancia.
La ganancia era única. Con ella, las gentes solían comprar ropas y muebles para sus casas. Normalmente, se esperaba a esa avalancha para hacerse con dichos inmuebles.
Quizás fueran las mujeres, las más atrevidas en aquella faena de labranza. Llenaban sacos y sacos de esparto, con los bivalvos, que iban dejando en la arena, de pie, en grupos de familias, para que no se las confundan con otras, durante el tiempo que duraba la bajamar.
Sabemos que cuando la marea esta baja, finalmente descasa sobre cuarenta minutos sin moverse. Luego empieza a subir ligeramente que ya no da tiempo para seguir rastrillando la arena.
Es en esos momentos cuando entra la desesperación en aquellas valientes mujeres que, cargando aquellos sacos de cincuenta kilos en sus espaldas, corren hasta donde están los compradores para vender su trabajo.
Allí, los compradores forman un monte en el suelo o vendiendo en el camión. En el caso del camión, una persona de cada grupo debe subir a su base para llenar las medidas del cajón que dispone. Medida de cincuenta kilos. Pero la realidad es que; de esos kilos van muchos más por fuera de la línea del cajón, para poder aceptar el comprador dicha medida. (Ganancia para este).
Dicho marisco, iba para las fábricas de Covelo (Poyo) y también para Villagarcia.
Era tan sabroso y limpio, que casi todos solíamos comerlos en cualquier momento de descanso, en la faena.
A raíz de haberse construido el muelle de Chousa, las corrientes fueron arrastrando la fina arena de toda la playa y con ella también el desove que iba formando aquel vergel cada año.
Hoy afectado por las malas aguas que el mar transporta por toda la ría, es casi nula la recuperación del berberecho en la zona.
La nostalgia nos queda a los que vivimos aquel mundo en años pasados, donde todas las gentes de pueblos y aldeas limítrofes, no se perdían esa cosecha tan deseada en ese día uno del mes de octubre de cada año.
En esos días, todos comíamos berberechos; crudos, cocidos o asados.